viernes, 28 de abril de 2017

A encarar el terror, el chantaje y el miedo de la Dictadura.




Revisando el ensayo de Albert Camus "Ni víctimas ni verdugos" escrito entre 1946 y 1949 me doy cuenta que trata temas cercanos a lo que vive Venezuela. Francia salía de una Segunda Guerra Mundial donde la ideología y la palabra Patria, entre otras, fueron preponderante como justificación para la violencia y la muerte. Todo ello me hizo escribir estas líneas sobre la triste situación que hoy vive Venezuela.

Los grandes jefes chavistas se dicen valientes cuando rodeados de seguridad, de guardaespaldas, de soldados, de anillos de seguridad, de camiones blindados, gritan "Doy mi vida por la Revolución" y mandan a asesinar jóvenes desarmados que protestan pacíficamente por libertad y democracia.
 
Valientes, nuestro pueblo que sale todos los días a protestar a sabiendas que estos dictadores no tienen sensibilidad ante el dolor ajeno, más bien se burlan, bailan y ríen mientras nuestras familias están de luto, o sufren por un ser querido asesinado, preso, herido o exiliado.

Valientes, nuestros muchachos que salen a protestar sin nada en las manos, sabiendo que envían colectivos  y guardias nacionales brutales a reprimir, a generar el terror usando la violencia revolucionaria. Revolución falsa, desastrosa y miserable con la que ellos justifican las violaciones de los derechos humanos de los venezolanos. De 2014 a 2017 ya han asesinado a mas de 150 venezolanos, y han sido encarcelados y/o exiliados decenas de miles.
 
La dictadura totalitaria chavista ha privado al pueblo venezolano de futuro. Ninguna vida es plena si no se vislumbra un futuro de progreso y ascenso social; peor aún si lo que se aprecia y se espera es un declive continuo en la calidad de vida. Vivir contra un muro es terrible; ese muro hay que derribarlo.Venezuela no merece ser un país de transito.

La élite del totalitarismo chavista ha perdido el apoyo de la población. El pueblo se ha dado cuenta, al ver la  praxis publica, corrupta y ostentosa del líderazgo chavista. Han perdido la calidad humana, eso que hace sentir empatía ante el dolor ajeno.

A lo largo de estos 20 años que tienen en el poder los hemos visto mentir, envilecerse, matar, deportar, torturar, corromperse y hasta ahora no ha sido posible encontrar un resquicio de humanidad y sentido común en quienes gobiernan este país. Son tercos en el error y siguen haciendo el mal a los otros. ¿El porque tanto empeño en destruir y arruinar vidas? es una pregunta de múltiples respuestas, en el mejor de los casos uno piensa que basados en una Revolución falsa y fracasada justifican los errores y los terrores a que someten al pueblo, pero también con el argumento de proteger la revolución ocultan el manejo opaco y corrupto de los bienes y las finanzas públicas. En ese mismo camino oscuro vemos como se enriquecen sin freno sin producir nada, vemos como abusan de los otros, los maltratan,los persiguen, vemos como protegen ladrones y asesinos, como arman bandas de matones, como destruyen sin tregua todo lo que producía todo lo que era agradable y lo convierten en una cosa vacía, hueca, sucia, improductiva,... Pero lo peor es que no hemos visto atisbo de humanidad o sensibilidad ante el dolor de los otros, lo que vemos es cinismo y crueldad.
 
El diálogo lo han hecho fracasar diciendo que quieren dialogo, luego inmediatamente amenazan con guerra y muerte, con la batalla de Santa Ines, y que esa frase miserable de Hiede a Muerte. Por supuesto, que un régimen armado hasta los dientes que quiere imponer su dictadura, que no respeta a los otros, un régimen que no se puede persuadir, es un régimen que da miedo, no por miedo a enfrentarlo que en la mayoría del venezolano sé, por los hechos, que no lo hay, sino por el costo de sangre, sudor y lagrimas que tendrá la salida democrática, para un pueblo desarmado que solo puede ofrecer resistencia pacífica. Peor aún cuando el cinismo de los hombres del régimen los lleva a aplicar el viejo dicho "Si Pan y Circo no funcionan para detener la protesta del pueblo, solo la violencia, el terror, la muerte y el chantaje podrán hacerlo". Así es, la nueva estrategia para tratar de permanecer en el poder se basa en la implantación del Terror Revolucionario, y del uso de la amenaza y el chantaje como mecanismo de control social de la población. 
 
La idea del régimen es fomentar el miedo. El miedo a ser reprimido, a ser asesinado, a perder el trabajo, a ser encarcelado. Hay otros miedos mayores que no solo son nuestros: el miedo a una guerra civil, el miedo particular a las ideologías que llaman a la intolerancia y la muerte (Patria, Socialismo o Muerte), el miedo al placer de asesinar de los esbirros y delincuentes de la guardia nacional y los colectivos, el miedo a una intervención extrajera que a ellos les aterra,... Pero está también el miedo de saber que la responsabilidad, el sentido común y la sensibilidad ante el sufrimiento de los que vivimos en este país parece que no son posibles en los miles de hombres y mujeres que tienen responsabilidad en la dictadura, y que con un cambio a una posición responsable, democrática y humana podrían demarcar una salida pacífica y provechosa para el país.

El objetivo de la dictadura, es que el miedo nos paralice. Pero en lugar de reaccionar con parálisis debemos  actuar con acciones de rebeldía. El Miedo de ellos es que nosotros sepamos encarar y enfrentar el miedo que ellos fomentan.
 
Este país está integrado por la gente que es gobierno pero no gobierna para el bienestar, sino que nos maltrata, basándose en una ideología fracasada hace ya decenas de años y que pretenden imponer mesianismos absurdos y cultos primitivos. Por la gente que nos asfixia y que cree tener la razón absoluta a pesar del infierno que van formando a su paso. Por otro lado, estamos nosotros los que no podemos vivir sino en la democracia; esa que respeta y reconoce al distinto, que habla dialoga y llega a consensos; que sobrepone el valor del hombre a una ideología, así sea está una que luzca hermosa y prometa una sociedad perfecta, pero vaga, tenue e improbable, una ideología como la que asumen ellos, que justifica "el como sea" y por tanto justifica los horrores que hemos visto, vivido y vivimos. Nosotros que somos los más, estamos cansados de mentiras y atrocidades, ya sin tiempo para la espera, nos repugna y no aceptamos la idea de que ellos con violencia y muerte intenten someternos.
 
El 70% de los ciudadanos de este país estamos muy seguros de que aquí no hay revolución sino contra revolución, que aquí no hay igualdad sino desigualdad terrible, que aquí no hay Libertad sino que se impulsa al pueblo a la desvalidez y a la servidumbre.

La mayoría de los venezolanos no podrán sentirse como en casa en su propia patria, sino se hacen conscientes de que deben defender los valores democráticos y de respeto a los hombres por su condición humana, y que lo tienen que hacer con firmeza, hablando, exigiendo y especialmente mediante  actos y acciones persistentes enmarcados en la protesta pacífica y en la desobediencia civil. Y aunque el ambiente de miedo que produce el régimen no es el mejor clima para la toma de decisiones  individuales y colectivas justas, es necesario encararse con él e intentar vislumbrar el futuro terrible que nos espera si mantenemos la indolencia de no hacer nada, ese futuro que ya se asoma  en la penuria, y la falta de libertades que vivimos hoy; versus un camino abierto de oportunidades, que la democracia, el respeto a los otros, el emprendimiento personal, la creatividad y la imaginación puede darnos como pueblo.
 
Lo que quiere la Dictadura

Encararse con el miedo, la última arma de la dictadura, obliga a ver el presente que vivimos, el futuro que queremos y el futuro que  rechazamos, y colocarlos en una balanza, para entender que el miedo será mayor si no hacemos nada. Pero el miedo no está solo de nuestro lado, ellos también lo tienen, y bastante.

Al final, no habrá paz si cuando intentamos cerrar los ojos no la  tenemos. A veces la rebeldía nos llama cuando no hay salida. Cuando la paz de ellos nos hace miserables y detestables para nosotros mismos.
 
Veremos qué pasa.

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